Ecografía de control de bienestar fetal

Esta es una ecografía dedicada más a la valoración del tamaño y bienestar fetal que al diagnóstico de anomalías fetales. Esto es así porque el feto ya se mueve menos, tiene mayor cantidad de calcio en sus huesos -el calcio no deja pasar los ultrasonidos- y la cantidad de líquido amniótico es menor. El líquido es imprescindible para una correcta visualización del feto.

 

En resumen, la obesidad materna, la escasez o ausencia de líquido amniótico y la presencia de miomas son otros factores que pueden dificultar una correcta evaluación fetal.

 

La ecografía del tercer trimestre se realiza por vía abdominal, pero hay alguna circunstancia que puede requerir evaluación por vía transvaginal.

 

La medición de la longitud cervical es más precisa por esta vía. En algunos casos de sospecha de placenta previa, la ecografía vaginal puede ayudarnos a confirmar el diagnóstico o a descartarlo.

 

Por último, puede ser útil para valorar con mayor precisión alguna estructura fetal que se encuentre en la parte inferior del útero: recordemos que la sonda vaginal tiene mayor resolución, pero menor alcance que la sonda abdominal.

 

¿Qué información nos proporciona la ecografía del tercer trimestre?

 

Viabilidad fetal. Saber si el feto está vivo o no y conocer si su frecuencia y ritmo cardiaco son adecuados.

 

Estática fetal. Conocer la colocación del feto dentro del útero. Ya estamos cerca del final del embarazo. Saber cómo se encuentra el feto puede ser importante a la hora de planificar la finalización del embarazo y el tipo de parto.

 

Anomalías fetales. La ecografía más adecuada para el estudio anatómico del feto es la de la semana 20. En el tercer trimestre existe menos cantidad de líquido amniótico, el feto se mueve con menos libertad y además las estructuras óseas están más calcificadas. Todo esto hace que la evaluación anatómica sea peor que en la semana 20. No obstante, puede detectarse alguna anomalía de aparición tardía o no detectada en la ecografía de la semana 20. En esta ecografía se presta especial atención a los órganos en los que es más probable que aparezcan anomalías tardías.

 

Placenta. Se estudia el grado de madurez placentaria. También es muy importante constatar su localización, para descartar que su implantación tape total o parcialmente el cuello del útero, que como sabemos debe dilatarse para permitir el paso del feto. Si la placenta es previa el parto vaginal no es posible y las contracciones pueden desencadenar una hemorragia que puede comprometer la salud de la madre y del feto.

 

Cordón umbilical. Es necesario conocer el número de vasos que tiene: en condiciones normales consta de una vena y dos arterias. Se debe evaluar la zona de inserción en la placenta. Lo normal es que se inserte en la zona central, en casos de inserción muy periférica o a través de las membranas que forman la bolsa puede haber problemas de crecimiento fetal o hemorragias.

 

Circulares de cordón. También se puede evaluar si existen, lo más frecuente en el cuello. Conocer esta circunstancia puede ayudar a valorar cambios en la gráfica de monitorización y estar un poco más alerta en el transcurso de la dilatación, pero no debe constituir un motivo de preocupación, ya que las circulares de cordón son muy frecuentes, aproximadamente en el 15 por ciento de los partos y rara vez existen complicaciones por este motivo.

 

Cantidad de líquido amniótico. El líquido amniótico está formado fundamentalmente por orina fetal. Su diminución constituye siempre un signo de alarma. Puede estar disminuido en casos de pérdida del bienestar fetal, como manifestación de una situación de retraso de crecimiento. Su disminución o ausencia también puede deberse a rotura de la bolsa. En otros casos puede estar aumentado, muchas veces sin causa aparente, pero en otros debido a diabetes o determinadas anomalías fetales.

 

Longitud cervical. La longitud del cuello del útero es un factor que ayuda a predecir la posibilidad de un parto prematuro. El cuello del útero es una estructura en forma de cono truncado, que durante el embarazo mide unos 3-4 centímetros. Cuando se inicia el parto, en una primera fase, el cuello se acorta hasta llegar a desaparecer, es decir pasa de medir 3-4 centímetros de longitud a convertirse en una fina membrana de unos milímetros de espesor. A partir de aquí, comienza la dilatación.

 

En algunos casos, el cuello se puede acortar de manera prematura, aumentando el riesgo de parto pretérmino. En mujeres con contracciones antes de tiempo o antecedentes de partos prematuros, la medición de la longitud del cuello nos permite predecir el riesgo de parto prematuro y en caso afirmativo tomar las medidas oportunas para evitar el desencadenamiento del parto (reposo, pesario cervical, cerclaje, medicamentos que disminuyen las contracciones...).

 

En caso de embarazo gemelar nos permite conocer la situación de cada gemelo dentro del útero y programar el tipo de parto más adecuado a cada circunstancia.

 

Evaluación de masas pélvicas. Algunas tumoraciones pélvicas, en particular miomas de gran tamaño pueden estar localizados en la parte baja del útero impidiendo el descenso de la cabeza fetal. En estas circunstancias es necesario programar una cesárea.

 

 

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